sábado, 12 de marzo de 2011

Jornadas Cortazarianas

Hace ya casi tres años, comencé éste blog preguntándome el camino de las letras contemporáneas y cuestionando de manera muy superficial su andar errático. En aquella ocasión, la primer entrada, compartí el capitulo 68 de Rayuela, por varias razones. Una de ellas y quizá baste con esa, es que lo considero una de las páginas más bellas jamás escritas en la historia de la literatura, que no es poco decir. Es además mi capitulo favorito, claro que comparto el gusto por los capítulos más favorecidos por la crítica, el 7, el 32, en fin. En esos días, yo no imaginaba, que ese sería el principio de muchas entradas con referencias inagotables sobre este enormísimo Cronopio. Desde cartas, reflexiones y promesas. Una de esas promesas -aun no cumplida- fue la de compartir con ustedes un ensayo que entonces comenzaba a dibujar en mi cabeza. A dos años de eso, ese ensayo creció, se volvió más ambiciosa mi idea, de tal forma que la retrasé indefinidamente. De a poco las ideas se convertían en notas y ellas en borradores, hasta el pasado mes de noviembre donde decidí que dicho ensayo sería un libro, que hoy en día sigue en construcción.

En esos días de noviembre, mi amigo Víctor, de quién les hablé, siendo más correcto decir que les hablé de un libro que recientemente publicó, me habló para invitarme a un proyecto que tenía con otro amigo en común: Daniel. Los tres nos reunimos para discutir la posibilidad de hacer algo en torno a este escritor, que tanto admiramos, tomando como pretexto el nombre de la librería de Daniel: Rayuela. En un principio esto no pretendía ser otra cosa, más que un pretexto para reunirnos unos cuantos a leer textos raros y no tanto, de este genuino y único constructor de imaginarios. De a poco y con llamadas telefónicas que no duraban más de un minuto se sumaron Mónica, Silvia y Minerva. Ya saben lo que sucede cuando reúnen en una habitación de 5 x 5 tantas feromonas y testosterona: tomaron el control y le pusieron seriedad y orden a las cosas. Ideas iban y venían, y por fin, la semana pasada, se lanzó el blog con la convocatoria de Las Primeras Jornadas Cortazarianas: Todos los hombres, el hombre.

Estas jornadas se componen de Lecturas, Conferencias y Proyecciones, en las que podrán participar, Investigadores, Estudiantes y cualquier amante de la obra del Argentino que se hizo querer de todos, como lo llamaba García Márquez, del país y fuera de él. Claro está que si alguno de ustedes que no radican en México les interesa participar, pueden hacerlo, siguiendo las bases que están en el blog y de ser aceptada su ponencia, será leída y posteriormente incluida en la publicación de las memorias del evento. La verdad no quiero abundar mucho en el contenido, ya lo verán en el blog y se enteraran de la forma de inscripción y los contenidos. Lo que si puedo adelantar es, la temática de las mesas:
1.- Cortázar: entre el nihilismo y el compromiso.
2.- Elementos cronotópicos en la obra de Cortázar.
3.- Estéticas cortazarianas.
4.- El Tunel: Formas constructivas.
5.- Intertextualidad: voces y silencios.
Además de las mesas de creación literaria:
1.- Queremos tanto a Julio.
2.- Historias de Cronopios.



Al mismo tiempo, se lanza la convocatoria: Cortázar: Modelo para armar. Concurso de plástica en tres modalidades: Cartel, Collage y Grabado. Los artistas participantes se harán ganadores, entre otros premios, a una exposición colectiva, itinerante por diversas galerías, tanto del estado de Aguascalientes como fuera de él. Las bases y fechas, ya están publicadas en el blog. Todos los eventos se llevarán acabo en el Centro Cultural Rayuela. La parte comercial del asunto, claro, de algún lado hay que sacar dinero para cubrir los gastos del evento -eso pasa cuando no quieres ceder control a los auspiciantes-, se harán con cuotas de recuperación, tanto en los eventos de Jazz y Teatro que están programados. Venta de artilugios conmemorativos y obra literaria. Espero verlos por ahí, espero recibir sus trabajos y sobre todo, compartir una semana de Julio Cortázar.

sábado, 5 de marzo de 2011

Entre plástica y café II



Pasó mucho tiempo de que escribí sobre mi descubrimiento de la obra del Maestro Rivera y ésta, en que cumpliré mi promesa de hablarles de la obra de mi amiga Verónica Elías Arriaga. El pasado miércoles 2 de marzo (raro día, lo se) se celebró la inauguración de la exposición Espejos de la Luna, aquí en el centro de Aguascalientes, dentro de un marco de intimidad y cercanía. Las conversaciones eran de todos y todos participaban. No quiero hablar propiamente de la exposición, ella habla por sí misma, quienes tengan la oportunidad de pasar a revisarla, estará dos meses en la galería del Centro Universitario, y sí prefiero hablar un poco de mi relación con la obra de la Elías. Espero poder separar mi juicio de la relación que me une a ella.

La obra de Verónica Elías es un constante narrar las inquietudes que la envuelven. En ella, como en pocas personas, se puede notar claramente el mundo mágico que la rodea. Los colores, las texturas, las superficies sobre las que trabaja, todo parte de un discurso pleno, directo, categórico. Insectos magnificados que develan nuestra pequeñez, metamorfosis constantes perfectamente delineadas: Contradicción expuesta. La profundidad de su obra, no radica en una forma filosófica de entender la plástica, nada hay de falso y panfletero en la obra de Verónica. Ella no navega con la bandera de la reflexión discursiva, ni con la máscara de la intelectualidad de tantos y tantos artistas, buenos y malos por igual. Por el contrario, ella se siente cómoda exponiéndose en sus lienzos, nada hay detrás. Todo está ahí, porque nada hay que esconder.






Alguna vez me preguntaba en que estilo quedaría su obra, ella, Verónica, lo definía -si es que es posible que un artista pueda hablar de su propia obra, una vez que se desprende de ella- dentro del Realismo Mágico. Por el contrario, yo pienso, seguramente equivocado, que lo que la Elías nos brinda, es una obra de un Mágico Realismo salpicado de un humor surrealista, capaz de enternecer las figuras más inquietantes. En ésta ocasión no fue en su estudio, ni fue con café, ni siquiera hubo charlas borgianas y notas de telediario, no; en ésta ocasión fue una galería, lugar donde debe de apreciarse una obra como la de ella, con un vino en la mano y charlas sobre lo que menos se imaginan, porque así es ella, alguien a quien no le gusta pavonearse como la enorme artista que es, sino como una más dentro de ese cuarto, que esta ahí y nada más, sin esa falsa modestia que tanto nos caga.